EJERCICIO  Y  PREVENCIÓN DE

CAÍDAS  EN  LA  OSTEOPOROSIS

                                    AUTOR: Miguel A. Ortuño Cortés

                                    XV Congreso de la SVMEFR

                                    Requena, 30-31 de marzo de 2006  

EL EJERCICIO EN LA OSTEOPOROSIS 
 

Introducción

     La osteoporosis constituye en la actualidad un problema de Salud Pública debido principalmente a su consecuencia más importante, las fracturas, y al gran gasto económico (fármacos, necesidad de asistencia médica e intervenciones quirúrgicas), social (institucionalización de ancianos, dependencia de terceras personas) y personal (pérdida de autoestima, dependencia de terceras personas, etc.) que conlleva.  

     La inmovilidad es una causa importante de pérdida de masa ósea y su efecto negativo sobre ésta es mayor que el efecto beneficioso de la práctica de ejercicio adicional en los sujetos ambulatorios (1). La inmovilización forzada en sujetos voluntarios  y los déficits debidos a trastornos neurológicos como la hemplejia o paraplejia, disminuyen la masa mineral ósea. Los vuelos espaciales también disminuyen la masa mineral ósea, aunque los astronautas realicen ejercicios físicos vigorosos. 

     Por el contrario, la densidad ósea aumenta en respuesta a las cargas físicas y al stress mecánico. Se ha demostrado el efecto beneficioso de los ejercicios de carga sobre el pico de masa ósea (2). La observación de que gimnastas adultas retiradas tienen mayor densidad mineral ósea que un grupo control de mujeres sedentarias de similar edad, sugiere el beneficio de la actividad física incluso después de haber finalizado la actividad deportiva (3). Estos estudios (2,3) también demuestran que los huesos que han sido sometidos a mayores cargas son los que tienen mayor densidad mineral. 

     El tipo de carga también influye en la respuesta esquelética. Los ejercicios de alto impacto dan lugar a mayores incrementos de la masa ósea que los de bajo impacto. Existe un claro beneficio de los ejercicios de carga sobre la masa ósea de la columna lumbar, pero no está claramente demostrado a nivel de la cadera (4). 
 
 
 
 
 
 
 
 

     La Densidad Mineral Ósea (DMO) que un sujeto tiene en un momento dado, y por tanto el eventual desarrollo de osteoporosis, depende fundamentalmente de un factor temporal:  

     - La adquisición de un pico de masa ósea insuficiente durante el periodo de madurez física.  Se sabe que este valor máximo depende  de las fuerzas mecánicas a las que ha sido sometido el hueso durante la etapa del crecimiento. La ganancia de masa ósea en las mujeres declina rápidamente tras la menarquia y en los hombres persiste hasta la edad de 18-20 años aproximadamente. 

     - El fracaso en el mantenimiento de la masa ósea durante la 3ª y 4ª décadas de la vida.  

     - La pérdida paulatina de tejido óseo que acontece en edades posteriores, sobre todo en las mujeres a partir de la menopausia. 

     Como el desarrollo de la osteoporosis puede tener su origen en una baja masa ósea ya desde una edad juvenil, su prevención debería empezar ya desde la infancia. 

Prevención de la osteoporosis mediante el ejercicio físico 

     La prevención de la osteoporosis debe abordarse desde diferentes puntos de vista, especialmente mediante un hábito nutricional adecuado a las necesidades según la edad y sexo, la práctica habitual de ejercicio físico, una exposición solar adecuada y la supresión de tóxicos como el tabaco, bebidas alcohólicas y café. 

     La densidad mineral ósea depende del nivel de actividad habitual en todas las etapas de la vida (5), por lo que la práctica de ejercicio físico es altamente recomendada como primer paso en la prevención de la osteoporosis. Su valor preventivo se debe a su capacidad para reducir la pérdida de masa ósea y mejorar la fuerza muscular, y a su contribución en la prevención de caídas y por tanto, reducción de fracturas. Los huesos y los músculos responden mejor al stress cuando son más grandes y más fuertes. La actividad física regular origina un stress físico que estimula el crecimiento óseo y preserva la masa ósea, y provee excelentes beneficios para la salud en general (6) 
 

     Durante la infancia y la adolescencia, el factor fundamental es la carga mecánica a que es sometido el hueso. Las actividades de carga y con mayor impacto, confieren al hueso un mayor pico de masa ósea, mayor tamaño óseo y en definitiva, mayor resistencia. Sin embargo, las actividades en que el hueso no es sometido a actividades de carga como la natación o el ciclismo, confieren un mejor control neuromuscular, pero el pico de masa ósea que desarrollan es menor.. Debe evitarse el ejercicio excesivo pues puede favorecer la aparición de un hipoestrogenismo que dé lugar a alteraciones menstruales e incluso periodos de amenorrea. 

     Desde la pubertad y aproximadamente hasta los 30 años, la ganancia de masa ósea se debe sobre todo al ejercicio físico realizado. Se ha visto que las personas que hacen ejercicio físico regularmente desarrollan un pico de masa ósea mayor que los que no lo hacen. 

     Desde los 30 años hasta la menopausia en las mujeres o hasta los 60 años aproximadamente en los hombres, la masa ósea se mantiene, salvo que existan enfermedades que afecten a la nutrición o largos periodos de inactividad. Durante esta etapa, el papel del ejercicio físico en la formación ósea es menor que durante las etapas anteriores. El objetivo durante este periodo es mantener el capital óseo conseguido, mediante un ejercicio físico regular, caminar rápido, correr, subir escaleras, etc., en definitiva, adquirir hábitos de ejercicio físico. El fortalecimiento muscular, la flexibilidad y el equilibrio corporal, incidirán en la reducción de las caídas sobre todo en etapas posteriores de la vida. 

     Durante la menopausia la actividad física tiene una influencia cada vez más limitada sobre la densidad mineral ósea, mientras que el sedentarismo tiene un efecto claramente negativo. Existen pocos estudios que demuestren el beneficio de programas establecidos de ejercicio frente a la actividad física normal, como factor protector de osteoporosis. No obstante, durante esta etapa se recomienda establecer o mantener los hábitos de ejercicio físico evitando el sedentarismo. En este sentido, se aconseja la práctica de un ejercicio aeróbico como caminar, si es posible 1 hora diaria un mínimo de 3 días a la semana. 

     Durante la vejez, los principales objetivos de la actividad física deberían enfocarse a la prevención de caídas, a través de la mejoría del estado general de salud, equilibrio, fuerza y tono musculares, postura y estabilidad postural. En esta edad se recomiendan caminar 30 minutos diarios, al menos 4-5 días a la semana. Existe evidencia de que el entrenamiento de ancianos en ejercicios de resistencia y formas poco enérgicas de actividad como el tai chi beneficia su capacidad funcional y es útil en la prevención de caídas y fracturas (7). 
 

Tratamiento de la osteoporosis mediante ejercicio físico 

      El tratamiento de los pacientes con osteoporosis incluye un conjunto de medidas generales destinadas a prevenir la pérdida de masa ósea y las caídas, entre ellas el ejercicio físico. 

     El grado de recomendación que la Medicina Basada en la Evidencia ofrece respecto a diversas medidas generales no farmacológicas sobre la masa ósea y las fracturas osteoporóticas se muestra en la tabla I. En ella se observa que la intervención más recomendada es la práctica de ejercicio físico. 
 
 

* Algunas revisiones sistemáticas sostienen que no existen suficientes datos para afirmarla

Tabla I. Grado de recomendación de medidas no farmacológicas para la osteoporosis 
 

     La práctica habitual de ejercicio físico es muy beneficiosa para el paciente con osteoporosis pues le permite: 

   - Mejorar la coordinación neuromuscular, la agilidad y el equilibrio.

   - Mantener la fuerza y el tono musculares.

   - Aumentar la DMO (8).

   - Acortar el tiempo de reacción neuromuscular, que en momentos de desequilibrio puede evitar una eventual caída.

   - Mejorar el equilibrio. 
 

     Las recomendaciones generales relativas a la práctica de ejercicio físico, para un paciente osteoporótico, son:

     

- Es aconsejable la práctica de un programa de ejercicio general, pues los huesos sometidos a cargas mecánicas tendrán mayor densidad mineral que  aquellos que no reciban dichas cargas.

- La intensidad y el tipo de ejercicio físico deben adecuarse a las posibilidades de cada paciente, teniendo en cuenta la presencia de enfermedades sistémicas, el grado de osteoporosis, la edad, limitaciones funcionales, etc.

- Deben evitarse el exceso de cargas y los ejercicios bruscos, pues podrían producir una eventual fractura.

- Los ejercicios más recomendados son los aeróbicos con desplazamiento, como es caminar.

- Los ejercicios sin carga como la natación, son  menos eficaces en cuanto a la mejora de la DMO, pero reducen el espasmo y el dolor asociados a la fractura vertebral.

- Durante la práctica del ejercicio se deberá siempre minimizar el riesgo de una fractura osteoporótica. 

     Los ejercicios más comúnmente recomendados para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis incluyen: 

- ACTIVIDADES CON CARGA: son aquéllas en las que los pies soportan el peso del cuerpo, como son la deambulación, el jogging, subir escaleras, y ejercicios como el aeróbic o similares. En ellas se ejercitan sobre todo los huesos de los miembros inferiores, caderas y columna lumbar. La práctica habitual de estos ejercicios puede enlentecer la pérdida mineral ósea. En pacientes con osteoporosis, caminar al menos un kilómetro y medio es generalmente el mejor ejercicio de carga porque minimiza el impacto sobre los huesos. 

 

- EJERCICIOS DE FORTALECIMIENTO DE LA ESPALDA: estos ejercicios actúan primariamente sobre el músculo, más que sobre el hueso. El fortalecimiento o tonificación de los músculos de la espalda puede ayudar al tratamiento de la osteoporosis  a través del mantenimiento o mejora de la postura corporal. Esto es debido a que la postura flexionada característica de pacientes con fracturas osteoporóticas puede aumentar la presión en la parte anterior de los somas vertebrales y por tanto favorecer la aparición de nuevas fracturas por compresión. Los ejercicios suaves para enderezar la espalda (en dirección opuesta a la postura en flexión) pueden fortalecer los músculos de la espalda al tiempo que minimizan el stress sobre las vértebras.  

- ESTIRAMIENTOS MUSCULARES: los estiramientos musculares deben asociarse a los ejercicios de tonificación muscular. Todo músculo que intentamos fortalecer deberá practicar también estiramientos para evitar contracturas y lesiones secundarias. Asimismo, favorecen la flexibilidad articular que es necesaria para una adecuada tonificación mediante ejercicios isotónicos. 

     La relación entre la cantidad de ejercicio y la respuesta osteogénica no es bien conocida. Sin embargo, sí sabemos que la adaptación osteogénica depende de la carga y que el hueso que responde es sobre todo el que es sometido a carga (9). Brown (8) demostró que deportistas que corrían entre 24 y 32 Km a la semana mejoraban su densidad mineral ósea, mientras que los que corrían distancias más largas tenían reducción en su densidad mineral ósea. La norma general más recomendada es la realización de una  moderada cantidad de ejercicio físico, todos los días. No obstante, la pauta de administración de los diferentes tipos de ejercicios es variable. Para conseguir el máximo beneficio del programa terapéutico, se aconseja la práctica diaria de los ejercicios de carga y los estiramientos de la musculatura raquídea, mientras que los ejercicios de fortalecimiento deben realizarse entre 2 y 4 sesiones a la semana. 

     Además de estos ejercicios básicos que deben practicar todos los pacientes, se recomienda la práctica de otros ejercicios más específicos, según la patología y condiciones de cada paciente: 

- Ejercicios de equilibrio y control postural, especialmente indicados en pacientes con desequilibrio e inestabilidad. Se recomienda practicar el apoyo monopodal, marcha adelante y atrás, ejercicios de reeducación vestibular y entrenamiento en situaciones desestabilizantes. 

- Ejercicios de pronosupinación resistida, que podrían favorecer la mejora en la DMO en antebrazo y prevenir de este modo las fracturas de la extremidad distal del antebrazo. 

- Ejercicios de flexibilización de tobillos y caderas, que son útiles como estrategias fisiológicas en la prevención de caídas. 

- Ejercicios isométricos de los grupos musculares implicados en la deambulación sobre todo glúteos y cuadriceps.  

     Sin embargo, no todos los ejercicios son adecuados y recomendables para los pacientes con osteoporosis. Deberán evitarse aquellos que puedan favorecer la aparición de fracturas: 

- Los ejercicios que requieren flexión del raquis combinada con rotación pueden producir microfracturas vertebrales si el hueso es osteoporótico. El gesto que realiza un tenista cuando realiza el servicio requiere un movimiento rápido que combina flexión y rotación de la columna vertebral, por lo que en principio la práctica de este gesto deportivo no es adecuada en casos de osteoporosis vertebral. La práctica del golf también exige rotaciones bruscas del tronco que podrían producir una fractura en una vértebra osteoporótica. 

- Los ejercicios que requieren flexión del raquis torácico como los abdominales superiores y el ciclismo, aumentan la presión en la porción anterior de los cuerpos vertebrales y favorecen la aparición de fracturas vertebrales. En caso de practicar este deporte, debe evitarse la postura de hipercifosis dorsal. 

- Los ejercicios de levantamiento de cargas pesadas, sobre todo en posición de flexión del tronco, así como los deportes que exigen un esfuerzo lumbar importante, como puede ser la práctica del remo. 

- Los ejercicios y deportes en que la columna vertebral soporta presiones axiales bruscas como la equitación o deportes de salto, pueden favorecer las microfracturas vertebrales en pacientes con osteoporosis. 

- En general, se desaconsejan las actividades y deportes que pueden comportar traumatismos directos de alto impacto o predispongan a sufrir caídas, como el judo, karate y el esquí. 
 
 
 
 
 
 

EL EJERCICIO COMO PREVENCIÓN DE CAÍDAS EN LA OSTEOPOROSIS 
 

     La etiología de las caídas en el anciano es múltiple, y por tanto, debemos hacer una evaluación sistematizada y pormenorizada de sus causas y los factores de riesgo en cada sujeto. Esta valoración adquiere especial importancia en los pacientes con osteoporosis, pues es un primer paso en la prevención de fracturas osteoporóticas. Para ello se han desarrollado distintos algoritmos o sistemáticas de trabajo, que en conjunto constituyen una valoración geriátrica integral de la salud del anciano.  

     En el anciano que ha sufrido una caída o que pensamos que tiene riesgo de sufrirlas, debe hacerse una valoración integral para detectar patologías o situaciones clínicas que predisponen a estos eventos:  

- Evaluación de las posibles situaciones clínicas o enfermedades agudas precipitantes de la caída: anemia, descompensación diabética, arritmias cardíacas con bajo gasto, etc. 

- Exploración cardiovascular: ortostatismo, frecuencia cardíaca, presencia de arritmias cardíacas, revisar causas de hipotensión, etc. 

- Adecuación de fármacos hipotensores y miorrelajantes. Se ha asociado la toma de fármacos inductores del sueño en el anciano con un mayor número de caídas nocturnas. 

- Exploración funcional del equilibrio y la marcha, mediante el test de Timed Up and Go, test de Tinetti, etc. 

- Diagnóstico de patologías del aparato locomotor: presencia de rigideces articulares, acortamientos y atrofias musculares, deformidades, problemas en los pies, etc.  

- Detección de enfermedades neurológicas relacionadas con caídas: demencias, accidentes cerebrovasculares, enfermedad de Parkinson, neuropatías, patología cerebelosa, etc. 

- Exploración de los órganos de los sentidos especialmente la vista y el oído. Las informaciones sensoriales procedentes de la vista y del sistema vestibular son fundamentales para el mantenimiento de un adecuado control postural y por tanto para evitar las caídas en el anciano. 

     Se han descrito múltiples escalas de valoración funcional del equilibrio y de riesgo de caídas, que son aplicables al paciente con osteoporosis. Asimismo, para objetivar y cuantificar la función del equilibrio se han desarrollado técnicas instrumentales como la craneocorpografía (actualmente en desuso)  y la posturografía.  

Escalas clínicas de valoración funcional del equilibrio 

     Algunas de las escalas clínicas de valoración funcional del equilibrio más ampliamente difundidas y relacionadas con el riesgo de caídas son: 

- El tiempo de apoyo unipodal es el tiempo que el paciente puede permanecer sobre un solo pie, antes de tener que apoyar el otro o contactar con la mano. Aquellas personas que no pueden mantener esta postura con los ojos abiertos durante un mínimo de 5 segundos tienen mayor riesgo de sufrir caídas. 

- El test Timed Up and Go  (10) es la versión cronometrada del Get up and Go. Durante su realización, el paciente debe levantarse de una silla de altura media con reposabrazos, caminar 3 metros en línea recta, girar 180º , retroceder los 3 metros y volver a sentarse en la silla. Aquellas personas que precisan más de 13,5 sg. para realizarlo, tienen un riesgo aumentado de sufrir caídas.  

- El test de Tinetti (11) consta de dos subescalas, una de equilibrio y otra de marcha. Incluyen diversas tareas relacionadas con control postural estático, cambios posturales, transferencias y equilibrio dinámico. Se ha visto que una puntuacion menor de 19 (sobre un máximo de 28) comporta un riesgo aumentado de sufrir caídas.  

- La escala de equilibrio de Berg (12) consta de 14 tareas que valoran diversos aspectos de equilibrio estático y dinámico del sujeto, puntuadas de 0 a 4. Su puntuación máxima es de 56 puntos y cuando es menor de 46 predice la aparición de caídas múltiples. Se ha empleado sobre todo para cuantificar la función del equilibrio en patología neurológica. 

Valoración instrumental del equilibrio: la POSTUROGRAFÍA 
 

     La posturografía es una técnica instrumental para el estudio del control postural. Permite realizar una valoración funcional, objetiva y cuantificada del equilibrio, y hacer un tratamiento de reeducación del control postural basado en la disfunción del paciente. Sin embargo, no es útil para hacer un diagnóstico etiológico ni de localización anatómica de la causa del desequilibrio. 

     Aunque existen muchos posturógrafos con características y posibilidades de estudio muy diferentes, su componente principal suele ser una plataforma dinamométrica que detecta los movimientos del centro de presiones del sujeto en posición de bipedestación. Algunos posturógrafos permiten el estudio de aspectos dinámicos del control postural, como son los límites de estabilidad, el control rítmico y direccional, e incluso es posible realizar un estudio de las características biomecánicas de la marcha. La información recogida en la plataforma es enviada a un sistema informático, donde es registrada y almacenada para su posterior análisis. Normalmente los posturógrafos disponen de otros elementos accesorios, como un arnés de seguridad, colchonetas de gomaespuma para distorsionar la información propioceptiva, monitor para el paciente, etc. 

     El NedSVE (13) es un sistema de posturografía desarrollado en el Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV) que permite estudiar diferentes aspectos del control postural y del equilibrio. Las posibilidades de valoración que ofrece este sistema son (14): 

  1. Análisis sensorial: se basa en la realización de 4 pruebas (Romberg con ojos abiertos y con ojos cerrados sin gomaespuma, y Romberg  con ojos abiertos y con ojos cerrados con gomaespuma) en las que se distorsionan de forma secuencial las informaciones sensoriales visual y propioceptiva.
 

     Basándose en estas 4 pruebas se pueden caracterizar los patrones de disfunción sensorial, con objeto de programar un tratamiento de rehabilitación especifico según el patrón de disfunción. 

     Los patrones de disfunción que se pueden encontrar son: 

     - Somatosensorial: el sujeto presenta peor estabilidad en las pruebas con ojos cerrados.

     - Visual: el sujeto tiene peor control postural en las pruebas que utilizan gomaespuma.

     - Vestibular: tiene peor estabilidad cuando se elimina la información visual y se altera la propioceptiva.

     - Patrones de disfunción mixtos

     - Afisiológico (puede aparecer en pacientes con ansiedad durante la exploración, y en simuladores o exageradores de su desequilibrio). 

  1. Estudio de la marcha
 

     El sistema NedSVE/IBV permite realizar un estudio de las características biomecánicas de la marcha. Para ello, hacemos caminar al sujeto por el pasillo, y le pedimos que pise sobre la plataforma dinamométrica para registrar la fuerza de su pisada en los 3 ejes (Fig 1).

                        Marcha normal                                      Marcha patológica 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Figura 1: Representación gráfica de un patrón de marcha normal (izquierda) y otro patológico (derecha). En el sujeto con marcha patológica, se observa que las fuerzas en el eje Z se alejan de la banda de normalidad. 

  1. Estudio de los límites de estabilidad (LE),
 

     Los límites de estabilidad son el perímetro más periférico al que el sujeto puede desplazar su centro de gravedad sin necesidad de mover los pies. La disminución de los LE es un factor predisponente de caídas. 

     Para explorarlos, se enciende una diana en el monitor del sujeto, y éste tiene que desplazar su centro de gravedad para situarse dentro de ella (Fig. 2). 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Figura 2. Representación gráfica los límites de estabilidad de un sujeto sano (superior) y otro con ataxia (inferior). Se observa que la traza del desplazamiento del centro de presiones del paciente con ataxia es muy irregular y no llega a todas las dianas. 

  1. Control rítmico y direccional.
 

     Durante su estudio, el sujeto ve en su monitor una diana que se mueve en sentidos mediolateral o anteroposterior a diferentes velocidades, y debe seguir el movimiento de la misma (Fig. 3).

                       Sujeto sin patología                                Sujeto con ataxia 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Figura 3. Representación gráfica del control rítmico y direccional en un sujeto sano (izquierda) y un paciente con ataxia (derecha). Se observa que la traza del desplazamiento del centro de presiones del sujeto sano cuando sigue la diana es más ajustada y uniforme que el patológico. 

Ejercicios de rehabilitación del equilibrio 

Los ejercicios para la rehabilitación del equilibrio deben ser específicos según el tipo y grado de disfunción del paciente. Se han descrito cuatro tipos de ejercicios para la reeducación del equilibrio: 
 

a) Ejercicios de estabilización de la mirada (15) sirven para la rehabilitación de la disfunción del reflejo vestíbulo-ocular. Consisten en ejercicios de disociación de los movimientos cefálicos de los movimientos oculares. Son especialmente útiles cuando existe una disfunción debida a patología en el sistema vestibular periférico.  

b) Ejercicios de habituación (15) fueron descritos inicialmente por Norré, y consisten en una batería de cambios posturales rápidos que pueden producir vértigo, mareo, e incluso síntomas vegetativos en el paciente. La práctica repetida de estos cambios posturales produce en el sujeto una habituación, de forma que progresivamente van disminuyendo los síntomas asociados a los cambios posturales. 

   Estos dos tipos de ejercicios descritos se utilizan especialmente cuando la causa del desequilibrio es una patología del sistema vestibular.  

c) Ejercicios de control postural (16) sirven en general para todos los tipos de desequilibrio, y en nuestro caso, para prevenir las caídas en los pacientes con osteoporosis. Se recomienda la práctica de 2 ó 3 sesiones diarias de 20-30 minutos. Estos ejercicios deben ser: 

     - Específicos según el patrón de disfunción sensorial. Así, si el paciente tiene una disfunción somatosensorial, habrá que alterar o anular la información visual (habitación en penumbra, ojos cerrados, gafas oscuras) y si es posible la vestibular; si el paciente tiene una disfunción visual habrá que alterar la información propioceptiva (superficies inestables como gomaespumas, colchonetas, etc.) y si es posible la vestibular; y en casos de disfunción vestibular habrá que alterar la información visual y la propioceptiva. 

     - De dificultad creciente y adaptada a la capacidad funcional del sujeto. Pueden iniciarse estando el sujeto sentado, y a medida que su equilibrio va mejorando, hacer ejercicios en bipedestación y mientras camina. Al principio hará los ejercicios con los ojos abiertos y sobre una superficie estable, y progresivamente iremos eliminando la información visual y/o alterando la superficie de apoyo con superficies menos estables. También podemos aumentar la dificultad disminuyendo la base de apoyo.


 
 
 
 
 

     La alteración de los límites de estabilidad de un sujeto origina una disfunción del equilibrio que favorece las caídas. Su tratamiento deberá ser también especifico según la disfunción del paciente. Como vemos en la figura 4, si su límites anterior y posterior izquierdo son los más afectados, habrá que trabajar el desplazamiento del centro de presiones en estas direcciones. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Figura 4: Representación gráfica del sistema NedSVE/IBV de los límites de estabilidad de un sujeto (izquierda), y dirección en la que deben practicarse los ejercicios de seguimiento de dianas (derecha). 

           

El Tai chi es un ejercicio de equilibrio y fuerza muscular que ha demostrado ser útil en la reducción de caídas en ancianos (17). 

  1. Ejercicios para mejorar las condiciones físicas generales del sujeto (18) algunos de los ejercicios y deportes más recomendados para mejorar la condición física del sujeto son los siguientes:
 

- Caminar al menos 30 minutos diarios, aunque sea asistido por otra persona. Si se necesitan, pueden utilizarse ayudas técnicas para aumentar la base de sustentación.

- Correr, si las condiciones física del sujeto lo permiten.

- Los deportes de raqueta (tenis, ping pong, paddle, etc.) son recomendados pues se ejercitan al mismo tiempo el control postural y la coordinación de movimientos, al tiempo que se fija la mirada en un objeto en movimiento.

- El baile es especialmente recomendado, porque también se requiere el control de la postura y la coordinación de movimientos, mientras el paciente obtiene una información visual cambiante.

- Jogging, aeróbic, tapiz rodante, step, etc.

CONCLUSIONES

 
  1. El ejercicio físico tiene un valor preventivo y terapéutico en la osteoporosis.
 
  1. Los ejercicios con carga, adaptados a la capacidad o limitaciones funcionales del paciente, son los más adecuados para mejorar el pico de masa ósea y retardar la pérdida mineral.
 
  1. Se recomienda la combinación de ejercicios de carga, fortalecimiento muscular y estiramientos.
 
  1. La evaluación del riesgo de caídas en el anciano precisa una valoración geriátrica integral, que tiene especial importancia en sujetos con osteoporosis.
 
  1. La posturografía permite una evaluación objetiva  y cuantificada de los trastornos del equilibrio.
 
  1. Los ejercicios de control postural y el acondicionamiento general pueden ser útiles en la prevención de caídas en sujetos de riesgo.


 
 
 

Bibliografía 

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