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“La prueba
de esfuerzo en la Cardiopatía isquémica”. Dr. J.
Castellote Dra. V. Iñigo
Interpretación
de la prueba de esfuerzo en la cardiopatía isquémica. Dr: A. Domínguez Aragó Dr. Juan M. Castellote Introducción
La
fisiología del ejercicio constituye un pilar fundamental en el estudio y
comprensión de aquellos fenómenos adaptativos del
organismo ante la actividad física. Incluye aquellos cambios que acontecen para
responder adecuadamente a la necesidad que en un momento determinado requieren
las demandas, así como los provocados a largo plazo como consecuencia de la
asimilación por parte del cuerpo del ejercicio realizado. Dentro de estos cambios pueden referirse fenómenos tan
variados como son los producidos en el sistema cardiorrespiratorio, a nivel
hormonal o en el bienestar del sujeto por la realización de la tarea. El
conjunto de modificaciones es amplio, incluyendo cambios en el aparato
locomotor y a nivel cardiaco. Ya que la actividad física la realiza el ser
humano durante todo el día y de forma e intensidades variables, el contexto
referencial en el que se enmarca el proceso rehabilitador
ha de ser el de la fisiología del esfuerzo en relación con las tareas
cotidianas. Mención aparte merece la supervisión temporal en ambiente
sanitarios y de forma protocolizada con fines evaluativos directos y
terapéuticos. Por otra parte el enfoque de las tareas cotidianas es requisito
ineludible en la acción rehabilitadora, y no tan sólo
la toma en cuenta de los elementos de adaptación cardiaca a esfuerzos “de
laboratorio”. La rehabilitación, en aras de su propio devenir, ha de valorar
este contexto sin dejarlo en el olvido y que su práctica no se identifique con
otras solidarias en su hacer. La fisiología del esfuerzo, desde esta óptica
contempla los esfuerzos habituales, la mejora muscular debida al entrenamiento
o adopción de pautas de actividad saludables y secundariamente a ello la
estimación de cambios en la fisiología cardiaca como requerimiento del momento
o como adaptación a largo plazo. Actividades
habituales y fisiología adaptativa Uno de los estudios pioneros en detectar la influencia
del esfuerzo en el funcionamiento cardiaco fue el de Morris
en la década de los 50 en Londres. En dicho estudio se comprobó que los
conductores de autobús tenían menos riesgo de enfermedad coronaria que los
revisores, así como que los carteros que iban a pie también tenían un riesgo
menor que el puesto de supervisor o telefonista. Desde este estudio se han
realizado muchos otros comparando diferentes profesiones en relación con el
grado de esfuerzo que conllevan, y conducen a pensar que los trabajos que implican
cierta actividad física parecen tener una influencia beneficiosa en reducir la
posibilidad de enfermedad coronaria. Otro trabajo pionero fue el realizado en San Francisco en
estibadores de puerto, pues permitió el comparar el riesgo en personas que
realizaban diferentes grados de actividad física, medir con cierta exactitud el
esfuerzo que realizaban así como hacer un seguimiento de varios años. En dicho
estudio ya se comprobó que las personas que por la intensidad de su trabajo
consumían mayor número de calorías, tenían una menor frecuencia de enfermedad
coronaria con resultado de muerte. Se comprobó que las diferencias se reducían
algo con la edad, pero en todos los grupos de edad la diferencia era
significativa. Por tanto, el esfuerzo realizado debía de influir en la
fisiología cardiaca, con un efecto protector. Los estudios en lo relativo a la influencia del ejercicio
en la fisiología cardiaca no sólo se han limitado al campo laboral, sino que
también hay estudios en relación con actividades de ocio que apoyan la idea de
que la realización de ejercicio provoca adaptaciones beneficiosas en la función
cardiaca. El tema es importante, ya que actualmente gran parte de la población
realiza muy poco ejercicio en su trabajo, y es el tiempo libre el dispuesto
para poder hacer actividad física. En esta línea uno de los primeros estudios
se hizo en exalumnos de las Universidades de Harvard y de Pennsylvania,
realizando un seguimiento de sus actividades en diferentes años. En dicho
estudio se comprobó que el daño cardiaco venía relacionado con la menor
actividad que se ejecutaba en tiempo libre. Análisis posteriores de dicho
estudio permiten comprobar que este efecto protector de la actividad física,
expresado como consumo de calorías por semana se mantiene con la edad. De la
misma manera parecía existir una reducción en el riesgo coronario al hacer
ejercicio vigoroso. Por tanto se puede considerar que se producen cambios a
largo plazo por la realización de esfuerzo. En cierta medida se puede decir que
dentro de estos cambios permanentes se incluyen adaptaciones tanto en la
frecuencia cardiaca, el gasto cardiaco, y como referente de las calorías
consumidas, la capacidad de consumo de oxígeno (VO2). Se comprueba que la ejecución de ejercicio
produce unos cambios funcionales en la irrigación tisular, facilitando que las
demandas locales de los músculos que se ejercitan se satisfagan, pero
provocando también cambios en la función cardiaca. Se provoca un aumento de la
frecuencia cardiaca. Ya que su irrigación coronaria se realiza principalmente
en diástole, y por el ejercicio e reduce el tiempo de cada diástole, puede
haber un compromiso en la irrigación cardiaca. Tal es así que si la demanda
cardiaca supera al aporte, se entra en una situación de umbral de isquemia. Sin
embargo, el entrenamiento al ejercicio provoca que para una misma intensidad de
esfuerzo, la frecuencia cardiaca necesaria sea menor, esto es, que el corazón
trabaja a menores frecuencias retrasando el umbral límite de aporte sanguíneo.
Añadidamente el % de consumo de oxígeno requerido, respecto al máximo
utilizable por el sujeto se reduce dejando un mayor margen de acción. Por ello se considera que existe una adaptabilidad
beneficiosa del corazón al ejercicio, viéndose que depende de la intensidad, frecuencia
y duración de la actividad. Por otra parte se comprueba que la adaptación cardiaca,
es dependiente del tipo de ejercicio que se realiza: la frecuencia cardiaca se
reduce al ejecutar un ejercicio con las extremidades anteriormente usadas en el
entrenamiento, pero no se ve la misma transferencia beneficiosa si han sido
otras. Por tanto se comprueba que la adaptabilidad cardiaca
depende principalmente de la cantidad de masa muscular que se utiliza en
relación con la MVC y del tipo de esfuerzo: estático o dinámico. Es sabido que
el esfuerzo estático provoca principalmente aumentos de TA (por aumentos de
frecuencia cardiaca y gasto cardiaco, sin un aumento en la eyección ni en la
resistencia vascular, mientras que el ejercicio dinámico provoca principalmente un menor aumento de la TA pero
aumenta el gasto cardiaco con un aumento en la eyección. Por todo ello hay
que conocer el tipo de actividades que hacen las personas para poder valorar el
esfuerzo a que diariamente se someten, y así estimar el tipo de adaptación
cardiaca provocada, o bien prever los márgenes de acción que dispone esa persona. METODOLOGÍA DE LAS PRUEBAS DE ESFUERZO
Son objetivos de la PE en la cardiopatía isquémica: 1.- Valorar la probabilidad de que un
individuo determinado presente cardiopatía isquémica:
Valoración diagnóstica. 2.- Estimar la severidad y probabilidad
de complicaciones cardiovasculares: Valoración pronóstica. 3.- Analizar la capacidad funcional:
Valoración funcional. 4.- Documentar los efectos de un
tratamiento aplicado: Valoración Terapéutica. VALORACIÓN DIAGNÓSTICA La probabilidad de presentar enfermedad
coronaria en presencia de dolor torácico se basa en distintos datos de la
historia como característica del dolor, sexo, edad, presencia de factores de
riesgo coronario, exploración física y registro electrocardiográfico basal
(ECG): presencia de ondas Q o anormalidades del segmento ST. La sensibilidad diagnóstica
de la PE en el estudio del dolor torácico varía en función de la severidad de
la enfermedad coronaria y aumenta al
aumentar el número de vasos afectos. La utilidad de la PE en el establecimiento del pronóstico
resulta del análisis de distintas variables obtenidas durante la misma como la
capacidad de esfuerzo medida en METS, duración del ejercicio incapacidad para aumentar la presión arterial
durante el ejercicio, presencia de síntomas o alteraciones del segmento ST a
cargas bajas. Las limitaciones que presenta la Prueba
de Esfuerzo para el diagnóstico y estimación pronóstica
de la enfermedad coronaria han favorecido el auge del uso de la PE asociada a
técnicas de imagen (ecocardiografía, estudios
isotópicos). UBICACIÓN Y EQUIPAMIENTO Habitualmente se utilizan 2 tipos de ergométros. El cicloergómetro
(CE) o bicicleta ergométrica y el tapiz rodante (TR). El cicloergómetro
es una bicicleta estática en la que la carga de trabajo se regula en Watios o en Kilopondios. metro/minuto
(6 Kpm/min = 1 Watt). El tapiz rodante es el método de esfuerzo mas empleado en
cardiología. Es una cinta sin fin movida por un motor eléctrico sobre la que el
paciente camina, evitando apoyarse en los pasamanos, a distintas velocidades y
pendientes según el protocolo usado. El consumo de O2 alcanzado en TR es algo superior al
obtenido en CE y la frecuencia cardíaca
(FC) y tensión arterial (TA) obtenidas son similares con ambos métodos. El ejercicio en cinta es más
fisiológico y no requiere aprendizaje sin embargo en pacientes con trastornos
de la marcha o del equilibrio, claudicación de miembros inferiores o
hemipléjicos es mas recomendable la prueba en
bicicleta ergométrica. Antes de iniciar la prueba se obtiene
un registro electrocardiográfico, a ser posible en las 12 derivaciones
habituales y la TA en reposo en decúbito, bipedestación y tras hiperventilación
voluntaria. El registro ECG se continua durante la prueba y al finalizar la
misma. La FC y la TA deben medirse al final de cada etapa de carga, en el
máximo esfuerzo y durante la recuperación cada 2 minutos. El tiempo optimo
de realización de una PE se sitúa entre 6 y 12 minutos. El protocolo más ampliamente utilizado
es el de Bruce, que puede resultar poco preciso en determinar la capacidad
funcional a cargas elevadas o en pacientes con disfunción ventricular. En estos
enfermos el inicio del esfuerzo con este protocolo resulta excesivo lo que hace
aconsejable aplicar protocolos con un inicio
de esfuerzo más progresivo (Bruce modificado o Naughton.
La figura 1 contiene distintos protocolos de ejercicio con sus correspondientes
METS y consumos máximos de Oxígeno
(VO2 max.) estimados. La tabla II muestra
los valores VO2 max. y
METS o equivalentes metabólicos estimados según edad y sexo. De no disponer del
equipamiento necesario para realizar análisis de gases durante la PE el VO2
max. se expresa
indirectamente en METS. Cualquier protocolo aplicado puede
realizarse de forma continua o discontinua (con paradas). Los protocolos
discontinuos presentan paradas de 1 a 3 minutos entre cada estadio y son de particular
utilidad en pacientes ancianos. Ambos tipos de protocolos permiten obtener
valores similares de consumo de Oxígeno, ventilación o FC. PRUEBAS
MÁXIMAS-SUBMÁXIMAS En las submáximas
se pretende llevar al paciente a un punto predeterminado que puede ser un
60-80% de su FC máxima teórica según edad (220-edad en años), un consumo de
Oxígeno equivalente a 5 METS o un nivel de esfuerzo concreto según la escala de
Börg de percepción subjetiva de esfuerzo (Tabla III).
Esta escala permite valorar el grado de fatiga percibido por el paciente
durante el ejercicio. Las pruebas de esfuerzo submáximas son útiles para estimar la condición física de
un sujeto pero pueden no desencadenar alteraciones significativas del ECG o TA,
lo que limita su utilidad en la valoración diagnóstica del paciente coronario. Las pruebas de esfuerzo máximas
consisten en realizar ejercicio hasta alcanza la FC máxima teórica, consumo
máximo de Oxígeno o aparición de síntomas o signos que impidan continuar la
prueba. En pacientes en tratamiento con betabloqueantes se consideran como valores máximos de VO2
y FC en la prueba de esfuerzo un 80% del VO2 max. correspondiente a la edad y
sexo y un 85% de la FC máxima teórica. El análisis del intercambio de gases
respiratorios durante la Prueba de Esfuerzo requiere disponer de un
equipamiento específico para realizarla (Ergómetro, analizador de gases,
analizador de lactato...) La duración recomendada de la prueba es
de unos 10 minutos utilizando protocolos continuos con incrementos de carga de
5-10 W y aumentos de la misma cada minuto o menos. Este tipo de protocolos
consigue sobrecargar el sistema de transporte de 02 sin un
agotamiento prematuro de los músculos que realizan el esfuerzo. El análisis del intercambio de gases
aporta información sobre los sistemas cardiovasculares, respiratorio y
metabolismo energético durante el ejercicio físico, consiguiéndose conocer
realmente el estado funcional de todo el sistema de transporte de 02. Estos análisis permite
valorar objetivamente la capacidad funcional del paciente que es de particular
importancia en el cardiópata ya que, la limitación funcional de éste no guarda
necesariamente relación con parámetros funcionales de reposo como la fracción
de eyección del ventrículo izquierdo, en especial en pacientes con
insuficiencia cardíaca. Determinando objetivamente la capacidad
funcional es posible planificar de forma individualizada el programa de
ejercicio físico mas adecuado en programas de rehabilitación cardíaca además de poder valorar la efectividad del mismo. CONSUMO
MÁXIMO DE OXÍGENO. V02 max. El V02 max.
es muy variable entre individuos y depende de muchos
factores: Herencia, sexo, peso y grado de entrenamiento. En su obtención también influyen otros
factores como el protocolo utilizado y la motivación del paciente. Objetivamente podemos determinar que se
ha alcanzado el V02 max. por: a) La presencia de una meseta en la
curva de V02 en un test de ejercicio
incremental. (Fig. 2) b) Que se alcance una lactacidemia de 8 mmol.l-1 obteniendo la muestra del
pulpejo del dedo o del lóbulo de la oreja tras punción. c) Que el conciente respiratorio VC02/V02
sea superior a 1,1 (Eliminación C02/Consumo 02). d) Que la FC máxima se desvíe lo menos posible de la teórica que
corresponde a la edad del paciente. La morfología en meseta
de la curva depende de la imposibilidad de consumir más 02
por fatiga de los músculos respiratorios, se aumenten o falten determinados
sustratos en la célula muscular o porque
se alcance el límite de la difusión de 02 desde el capilar a la miofibrilla. En general, en sujetos no entrenados y
cardiópatas el bajo estado de forma de la musculatura hace que éste sea el
factor limitante de esfuerzo por lo que habitualmente el ascenso gradual de la
curva se interrumpe con brusquedad sin mostrar la apariencia de meseta. Este
punto de mayor consumo de 02 alcanzado es lo que se denomina V02
pico. (Fig. 3) Desde un punto de vista práctico cuanto
mas se separe el V02 pico del umbral anaeróbico mayor relación tendrá
éste con el V02 máximo real. Es un indicador objetivo de la
capacidad funcional y no es necesario realizar un esfuerzo máximo para su
determinación. Un método utilizado para la determinación del
UA es estudiar la relación entre el 02 consumido y el C02
eliminado que se manifiesta por un cambio de la linealidad entre estos
parámetros. Otro método para determinar el UA es el
estudio de los umbrales ventilatorios. Según Wasserman el UA se correspondería con la intensidad de
ejercicio en la que se produce:
-
Un aumento no lineal de la VE
respecto a la carga de trabajo.
-
Incremento no lineal del VCO2
respecto a la carga.
-
Incremento lineal del VO2
respecto a la carga.
-
Incremento de la relación VE/VO2
al aumentar mas la VE que el consumo de O2.
-
- Sin variaciones en la relación VE/VCO2.
La imposibilidad de la mayoria
de pacientes para alcanzar el V02 max.
refuerza la utilidad de valorar
parámetros submáximos como el UA para estudiar la
capacidad funcional. En programas de Rehabilitación se utiliza la FC en el
umbral anaeróbico como FC de entrenamiento. PULSO DE
OXÍGENO (V02/FC)
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